Midsommar (2019)

Misommar (2019)

Midsommar

Año: 2019

Hay muchas religiones, muchísimas. El ser humano ha sido capaz, a lo largo de la historia, de crear objetos de culto de todo tipo: dioses, semidioses, astros, híbridos de hombres y animales, demonios, monstruos y lo que fuera con tal de arrastrar a un montón de personas y convencerlas de que su religión es la correcta. La auténtica. La real. La de verdad de la buena. Pero hay otros cultos tan antiguos, tan primarios, que se pierden atrás, muy atrás en el tiempo, y que todavía perduran. El culto a la Madre Tierra, a Gaia, a la Naturaleza, a la fertilidad, a la vida y a la muerte siempre ha estado presente. Siempre.

Midsommar, además de ser el título de esta película, también es una fecha señalada en el calendario sueco. La celebración del solsticio de verano es una tradición muy importante y que tiene un gran atractivo turístico. Se celebra al aire libre, las mujeres se visten con los trajes tradicionales, se ponen coronas de flores como símbolo de buena suerte, se cocina patatas hervidas y arenque, y se baila alrededor de una cruz de madera adornada con ramas y flores.

Ari Aster ha condensado esa tradición sueca, la ha destilado y la ha ubicado en un pequeño pueblo sueco para darle un significado y una relevancia muy distintos. La ha tocado con su varita de hacer cine de terror para convertirla en una comuna ancestral con unas costumbres, unas tradiciones y un muy particular culto a la Madre Tierra que nos interconecta a todos.

Dani es una joven estudiante estadounidense que pierde a su hermana y a sus padres en un trágico suceso. Unos meses más tarde, la relación con su novio, Christian, estudiante de antropología, no pasa por su mejor momento. Pelle, un compañero de carrera sueco, invita a Christian junto a otros amigos a pasar unos días en su aldea de origen para celebrar una festividad muy especial. Además, desde el punto de vista antropológico, tiene su punto de interés. Dani no estaba previsto que fuera, pero se entera, todo se tuerce, discuten y deciden viajar juntos en un intento de arreglar la tensión de la pareja. La película empieza, así, con un punto de drama y de interés cultural que se aleja (y se agradece mucho) del clásico grupo de chavales que se van de fiesta a un pueblecito remoto (aunque también este presente, pero de refilón).

Al llegar a Hälsingland, el pueblo, todo es perturbadoramente agradable. La bienvenida es calurosa, todos están encantados de recibirles. Les hablan de su comunidad, de sus creencias, les dan de beber y de comer, les muestran sus tradiciones, su culto por la naturaleza, por la madre tierra, por el ciclo de la vida y, poco a poco, les muestran, también, cuáles son sus ritos. Y eso ya no es tan normal.

La fotografía de la película es una de las cosas que más atrapa. Es preciosa. Se agradece mucho, también, que no se recurra a recursos sonoros de impacto para hacernos saltar, aunque no es una película de sustos. Es uno de esos filmes en los que, poco a poco, te vas hundiendo en la butaca porque lo que ves roza lo demencial. Quizás la puesta en escena de la secta, la forma que tienen de actuar, de relacionarse, de saludarse entre ellos, sus comportamientos más básicos, digamos, puedan llegar a parecer mecánicos y verse algo artificiales. Pero, en general, he disfrutado. Me he dejado llevar y me he creído a esa secta cuyos miembros solo se permiten vivir hasta los setenta y dos años y no más. Ni un día más.

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